Para 1834, el cacicazgo, ahora en poder de Guadalupe Alvarez, regularizó definitivamente sus bienes conforme al nuevo derecho federal, bajo el régimen de la propiedad privada, y por lo tanto del derecho de la libre compraventa de sus bienes, incluyendo sus terrenos. En este año 1852, la última heredera era doña Guadalupe Alvarez, hija de la anterior cacique, Ignacia Sánchez. Guadalupe dejó en su testamento la orden de rematar sus propiedades de la mejor manera posible, incluyendo la venta a particulares.El cacicazgo comprende los ranchos Iztapalapa y Santa Cruz, y sus anexos.

