El cambio en Iztapalapa fue evidente. En 2018, la demarcación atravesaba uno de sus momentos más difíciles, con el gobierno al servicio de intereses particulares y un presupuesto público desviado. El resultado era la falta de atención a problemas esenciales, la inseguridad en niveles alarmantes y la corrupción rampante.
Sin embargo, a lo largo de estos cinco años, se realizaron obras de gran envergadura, incluso en medio de la pandemia de COVID-19, que representó una de las peores crisis sanitarias a nivel mundial. A pesar de los desafíos, Clara Brugada y su equipo transformaron Iztapalapa, logrando avances significativos en la seguridad, la infraestructura, la educación y la salud.

