A la llegada de los españoles a la considerada villa de Iztapalapa (El Palacio) en 1519, quedaron asombrados al ver cuan grandes y bien labrado era con muchos cuartos de cantería y madera con unos jardines enormes con árboles majestuosos y olorosos, andenes llenos de rosas y flores, árboles frutales, ningún lugar en el mundo de otras tierras que hubiesen descubierto como éstas.

