El tlahtohuani, virrey Luis de Velasco señaló que al ser un delito digno de castigo lo realizado por los canteros, pues no podíase impedir sacar piedras de las canteras públicas en términos de lo establecido por Culhuacán para la obra del Convento, “los naturales” debían sacar las piedras del agua y volverlas a las canoas, so pena de azotes y de ser desterrados por cinco años (p. 154).

