Se establece un contraste muy significativo: si en el pasado los colhuas habían impedido a los mexicas consagrar su propio altar con un “corazón” sagrado, después de la fundación de Mexico-Tenochtitlan no sólo ya no pudieron evitarlo sino que uno de ellos fue sacrificado para la consagración del altar mexica. Así fue como los mexicas pasaron de estar subordinados a los colhuas, y de ser forzados a ocultar su identidad ante ellos, a la situación inversa.

